Hunter Knoefel
Maitê estaba más callada de lo habitual. Incluso podría decir que un poco adusta. Parecía contrariada, quizá arrepentida de haberme contado la verdad, o simplemente asustada, sin saber qué iba a pasar con ella.
No tenía forma de garantizar con palabras que soy un hombre de palabra, pero podía demostrarlo con hechos. Si yo había aprendido a confiar en ella después de todo lo que me contó, ella también tendría que hacer lo mismo conmigo.
—¿Todo bien? Pareces molesta —le pregunté, intentando entender qué la afligía.
—No, molesta no… quizá un poco incómoda.
—¿Por qué?
—No lo sé… tal vez deberías haber dejado que mi familia viajara en clase turista. La gente está mirando mal por las carcajadas altas de Léa. Incluso los auxiliares de vuelo…
—Discrepo totalmente. Tienen todo el derecho a viajar en primera clase. Los billetes se pagaron con dinero honesto. Y si fueron regalados o comprados, no es asunto de nadie. Además, si alguien se atreve a tratarlas mal, los denunciamos.
El