Maitê Moreli
Necesitaba irme de allí cuanto antes. Edward estaba amenazando a mi madre. Un hombre que dice amarme, pero que convierte mi vida en un infierno. Y, por otro lado, estaba Hunter. De algún modo, él también era una víctima de toda esa historia, pero a veces me dejaba confundida… No sabía si realmente era una buena persona o no.
Pensaba en la red de mentiras que se había tejido alrededor de mi vida. Quería ser tan pura como aquella lluvia que caía a cántaros del cielo, la misma que yo contemplaba por la ventana de la habitación del hotel. Deseaba ser tan valiente y luminosa como los rayos que cortaban la noche oscura. Quería ser altiva como los truenos, que rugen sin miedo a gritar.
Antes, mientras paseábamos, yo veía en la expresión de Hunter que no creía nada de lo que salía de la boca de Léa, que seguía hablando sin parar. Ni siquiera la ducha logró aliviar la tensión que me consumía. Pero todo empeoró cuando Hunter entró en la habitación y me di cuenta de que no había cer