Maitê Moreli
¿Qué estaba haciendo? Nunca fui una chica fácil, pero estaba permitiendo que me manoseara los pechos, besara mi escote, apretara mis muslos y desabrochara mi blusa. Deseaba toda aquella lujuria, cada detalle, cada caricia… Mi cuerpo ardía, implorando por ello. Pero entonces tomé conciencia y dije:
—No —dije, empujándolo con firmeza.
Se apartó de encima de mí al instante y se sentó en el sofá, con una expresión seria y rígida.
—¿Ya te duele el saco? Porque a mí ahora me está palpita