--
Después de unos minutos en la habitación controlándome para no derramar más lágrimas y sintiendo un nudo en mi garganta que casi me ahogaba, vi a Dominic entrar en la habitación.
Sentí ganas de esconderme debajo del edredón al verlo lanzarme una mirada sombría, acercándose a mí como un asesino se acerca a su víctima. Pero no podía entender — no esta vez — qué había hecho mal para que me mirara con tanta rabia.
— No te entiendo, Luisa — habló después de un buen rato de silencio mortal flotand