18. Luego no digas que no te advertí
Isabel
Sé cómo hacer para que esa puerta se abra. Dante no soporta el ruido, no soporta lo que no puede controlar, y sobre todo, no soporta mi música porque es lo único que no puede reducir a una táctica militar.
Cojo las muletas y me acerco al instrumento. Lo saco con manos temblorosas. El peso es familiar, reconfortante. Paso los dedos por la madera pulida, disfrutando de la textura, del aroma a resina y tiempo. Siento que mi pecho se comprime. Me pregunto si volveré a tocar alguna vez en un e