A la mañana siguiente, Bianca bajó las escaleras sintiéndose aún muy agotada. No durmió bien. Efraín se había ido. Caminó hasta la cocina, donde encontró una nota sobre la mesa. Se inclinó para leerla.
[Buen día. Preparé el desayuno.]
Abrió la waflera y el aroma dulce a canela la envolvió. Eran rebanadas de pan francés. Se sirvió un par en un plato y las cubrió con fresas frescas y un chorrito de miel. Le dio un mordisco y descubrió que estaba delicioso, suave por dentro y crujiente por fuera.