Al bajar del avión en Tuxtla Gutiérrez, Efraín permaneció en silencio. Durante el vuelo, varias mujeres lo habían mirado de reojo, y algunas, más atrevidas, lo observaban sin tratar de disimular. Su físico imponente era un imán, y su cara, increíblemente atractiva, las volvía locas.
—Hola, ¿me podría decir cómo llego a este lugar? —le preguntó a un empleado del aeropuerto, mostrándole una nota.
—¡Ah, caray! —El empleado lo miró de arriba abajo. Por su ropa y su porte, era obvio que era un hombre