—Aquí nadie nos ve. —dos almas enamoradas, buscando dónde darle rienda al placer.
—¿Qué haces?
—Deseoso de ti, te extrañé.
Charlie comenzó a besarlo, Fabricio no se opuso más y disfruto de su beso, él le quitó la camisa para dejar sus besos en el cuerpo del joven, aflojo el cinturón, ahí fue cuando Fabricio se alarmó y lo empujo.
—¡No, aquí no!
—¡Aquí sí, no soporto más!
—Nos van a oír.
—¿Acaso eso importa?
—¡Vamos a mi apartamento!
—Tarde o temprano, todos sabrán que eres mío.
—Charli