Haidar llegó a casa tambaleándose, otra vez embriagado. Sus pasos inestables resonaban en el pasillo mientras intentaba abrir la puerta del apartamento. Brenda lo esperaba en el sofá, con los brazos cruzados, su rostro reflejando una mezcla de impotencia, preocupación y molestia. Era la segunda vez esa semana que regresaba en ese estado, y cada vez le costaba más entender por qué él insistía en refugiarse en el alcohol.
Cuando Haidar finalmente entró, su figura era un desastre. Su camisa estaba