Cuando el ascensor se detuvo en el último piso, Brenda salió y lo primero que vio fue a una mujer detrás de un elegante escritorio de cristal. Aurora. La pelirroja levantó la mirada y le dedicó una sonrisa profesional y amable, aunque Brenda no pudo evitar preguntarse si esa amabilidad era genuina o simplemente parte de su trabajo.
—Puedes pasar, Brenda. El señor Abdelaziz la está esperando —dijo Aurora, con un tono que parecía tan perfectamente calculado como su apariencia.
Brenda asintió, aun