Haidar regresó a su lujoso apartamento después de un día agotador en el trabajo. Marilyn, la asistente doméstica, le avisó inmediatamente que la cena estaba lista. Sin embargo, el hombre no tenía mucho apetito y se negó a comer, agradeciendo a Marilyn con un gesto ausente. Ella, preocupada, no pudo evitar pensar en lo complicado que era todo entre Brenda y su jefe. En su corazón, anhelaba que pudieran resolver sus problemas, aunque el panorama se presentaba sombrío, casi como un milagro