Brenda estaba en casa esa tarde, disfrutando de un momento de tranquilidad mientras acariciaba su vientre. Los movimientos de los trillizos siempre lograban calmarla, aunque en el fondo su mente seguía ocupada con las preguntas sin respuesta sobre el pasado de Haidar. Había intentado evitar pensar en ello, pero la incertidumbre la seguía persiguiendo.
De repente, el timbre de la puerta sonó y la sacó de sus pensamientos. Con una mezcla de curiosidad y sorpresa, se levantó del sofá y caminó haci