Andrei dejó caer sus ojos hacia quien yacía más allá de rodillas, tembloroso.
Igor lloraba como un niño, ocultando sus ojos tras sus manos, sollozaba entre lágrimas porque una luz en su mundo se había apagado, la del sol.
Entonces Andrei tragó saliva, porque sabía que iba a ser difícil explicarle a él y a todos que no había sido capaz de acabar con la vida de Elisa, porque aunque había creído firmemente que no pertenecía a su mundo, sabía que se pertenecían el uno al otro… y eso fue suficient