—Yo… —Elisa sentía su garganta apretada a más no poder, sobre todo por la forma que él tuvo de mirarla—. ¿Cómo… cómo es que estás vivo?
Lo último lo dijo un susurro, como si le doliera hablar con él, quizás porque pensaba que su subconsciente podía jugarle una mala pasada y toda esa escena no era más que el producto de un sueño en el que su amado mafioso estaba con vida.
Andrei no le respondió de inmediato, simplemente se limitó a acariciar su mejilla con parsimonia, como si quisiera grabar sus