Luego de un rato, Elisa distinguió el olor que hace poco le había sentido a Igor, y recordó que llegó solo. Había conducido ebrio, y se había venido solo.
—Igor, condujiste ebrio —lo regañó incorporándose nuevamente y levantando el volumen de su voz—. Fue peligroso e insensato.
Él abrió sus ojos y rió por eso, se sentía bien que ella se preocupara por su vida.
—Sí, lo fui… ¿Me ayudas a llegar a mi habitación?
—Sí… —se puso de pie y lo ayudó a pararse, pasándole el brazo por sobre sus hombros—.