El cielo estaba cubierto de nubes y con ello una ciudad completa que recibía la luz grisácea que ese filtro permitía, y bajo ese cielo, el brillo opaco de una Lamborghini Veneno negro acaparaba las miradas de quienes transitaban por la calle a esa hora.
Tenía su destino claro, era el mismo propósito que lo había mantenido en uso durante esos escasos días: cobranzas, y dentro de él quien se encargaba de hacerlas dichoso y excitado por ese momento.
Al llegar, una casa de los barrios bajos de la