Andrei abrió la puerta con el pie, adentro había un olor a pudrición, seguramente porque había cadáveres olvidados.
Al notarlo, ella comenzó a forcejear nuevamente con él, pero esta vez presa del pánico, tratando de morderle la mano nuevamente para que no la siguiera haciendo bajar los escalones, pero no podía zafarse.
Estaba desesperada, aterrada, quería gritar y ya estaba comenzando a chillar. Andrei, por su parte, la agarraba firmemente.
Elisa estaba tan asustada que deseaba ver su rostro.