El cabeza rapada soltó a la chica y Andrei negó con la cabeza, mientras sostenía la muñeca del intruso que osaba levantarle la mano a ella.
Aquella no había sido una acción inteligente porque nadie podía tocarla, solamente él. El sujeto miró a su líder y pronto entendió que aquella chica le pertenecía.
Estaba en serios problemas.
—No decido si corto tu dedo o si simplemente te mato —siseó Andrei con voz fría y amenazadora.
El pelinegro lo miraba desafiante, no se iba a humillar delante de nadi