Andrei llevaba a Elisa en brazos hacia su habitación, caminando con determinación a pesar del peso de la preocupación que se cernía sobre él.
La mansión estaba en completo caos, el ataque había dejado a varios heridos, y aunque su prioridad era Elisa, no podía ignorar la gravedad de la situación.
Al llegar a la habitación, la dejó con cuidado sobre la cama y sacó su teléfono.
—Iván, encárgate de los heridos más graves —ordenó con tono firme—. Que todos los demás se reúnan en la sala de reunio