Al recibir la noticia de que Steven había sido atacado, Andrei supo al instante que no se trataba de un incidente aislado.
Las detonaciones de los disparos se escuchaban cada vez más frecuentes y más cerca, resonando a través de las paredes de la mansión.
La guerra había llegado a su hogar.
—¡Elisa, quédate aquí! —ordenó Andrei, girándose hacia ella con los ojos llenos de determinación—. Estarás a salvo en el refugio.
Elisa lo miró con ojos muy abiertos, con el miedo brillando en su mirada.