La casa de Andrei en Novosibirsk era un torbellino de actividad y celebración. Elisa, sin embargo, se encontraba en el remanso tranquilo de su habitación, donde el bullicio de la preparación de su boda parecía un eco lejano.
Observaba las luces de la ciudad que parpadeaban a través de la ventana, un contraste entre el caos festivo y su inquietud interna.
“¿Qué pasará ahora?” susurró Elisa, su voz cargada de un pesar que parecía resonar en la vasta noche estrellada.
Desde que Andrei la llevó a