—¿Cuál es tu nombre? —preguntó la emperatriz. Aunque había leído los nombres de la familia, no sabía cuál era él.
Horus caminó cerca de ella. El ruido de la lluvia hacía más difícil oírse; cada palabra se perdía entre el repiqueteo del agua en las piedras de la cueva.
—Horus Khronos —dijo—. Príncipe de un reino caído, miembro de familia exterminada y líder de un pueblo esclavizado.
La emperatriz lo miró con aquellos ojos púrpuras que parecían encenderse cada vez que parpadeaba.
—¿Por qué me ayu