Capítulo 212 La ducha

—¿Qué tienes? —preguntó ella con ternura.

—Me duele la cabeza… Es insoportable.

—Es lo que temía… El don del tiempo es demasiado poderoso.

—Quiero ducharme, tengo calor.

Hespéride envolvió a Horus en un manto de sombras vibrantes que se arremolinaron en torno a ellos. El aire se enfrió de golpe, y en un instante, el dormitorio real se desvaneció, reemplazado por la atmósfera húmeda y perfumada del baño privado. Grandes tinajas de piedra pulida flanqueaban una tina amplia, cuyos bordes estaban tallados con runas élficas y símbolos ancestrales del linaje Khronos. Velas flotantes, encendidas con llama violeta, proyectaban destellos danzantes sobre las paredes de obsidiana.

Con movimientos pausados, Hespéride comenzó a desvestir a Horus. Sus dedos, largos y de uñas afiladas, desabrocharon cada cierre y soltaron cada amarre con precisión ritual. La túnica del rey cayó al suelo, seguida por la armadura ligera que aún llevaba pese a la hora avanzada. Horus permaneció quieto, permitiendo que
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