—¿Qué tienes? —preguntó ella con ternura.
—Me duele la cabeza… Es insoportable.
—Es lo que temía… El don del tiempo es demasiado poderoso.
—Quiero ducharme, tengo calor.
Hespéride envolvió a Horus en un manto de sombras vibrantes que se arremolinaron en torno a ellos. El aire se enfrió de golpe, y en un instante, el dormitorio real se desvaneció, reemplazado por la atmósfera húmeda y perfumada del baño privado. Grandes tinajas de piedra pulida flanqueaban una tina amplia, cuyos bordes estaban t