Al ver que Nicole no se movía, Patrick bajó su rostro lentamente y la besó, saboreando entre el dulce de sus labios y el toque de sal que se colaba por las lágrimas derramadas por ella.
Y ese tierno beso que la hizo reaccionar, se fue transformando en un ardiente y profundo deseo.
Poco a poco, ambos cayeron sobre el cálido cobertor estirado en el suelo y en medio de los cojines, tocándose, mordiéndose, rasguñándose, entregándose a la pasión y las ansias del uno por el otro.
Las prendas de ro