— ¿Tiene algún problema con el trabajo, señor Gibson? — Le preguntó Diego con mucha seriedad, mirándolo fijamente a los ojos. — ¿O prefiere seguir conformándose con lo que le toca de ganancias?
— No… — Exhaló Walter de mala gana, apretando los puños. — No tengo ningún problema, señor Ortiz, puedo demostrar que puedo trabajar en lo que sea…
Walter se giró, dispuesto a salir de esa oficina, encerrarse en un baño y pegar cuatro gritos al viento, para luego tener que aceptar el puestico que le da