La nieve seguía cayendo de forma lenta y silenciosa, como si el mundo exterior ignorara por completo la tormenta que acababa de desatarse dentro de aquella mansión.
Elena sostenía a Ethan entre sus brazos, apretándolo contra su pecho. Era la primera vez que podía abrazarlo de verdad, sintiendo su calor real. Durante cinco largos años había llorado frente a una tumba vacía, consumida por la culpa y el dolor de creer que su hijo había muerto al nacer. Pero ahora estaba allí: respirando, temblando