41. SIN SABER QUE HACER.
Avril
Habíamos llegado a la mansión que un día fue mía, que ahora le pertenecía a ese imbécil.
Él sonreía de par en par mientras daba órdenes a los empleados para que prepararan una cena especial de bienvenida, solo porque habíamos regresado.
Después de la forma tan vil en que me echó de mi propia casa, era increíble presenciar la hipocresía de este hombre. El fue cruel y me hecho sin piedad.
Me pregunté qué habría pasado con Mónica.
Algunas de las mujeres del servicio me miraron con cautela; o