Capítulo 9. El despertar de la leona.
Chloe llegó a su mansión cuando los primeros rayos del sol comenzaban a filtrarse a través de los grandes ventanales de la estancia. El silencio de la casa, que antes le parecía signo de paz y opulencia, ahora se sentía como el vacío de un mausoleo.
Caminó por el pasillo principal, sus tacones zumbaban contra el piso, sintiendo que cada paso la alejaba más de la mujer que solía ser.
Subió a su habitación y se despojó del vestido esmeralda manchado de vino. Lo miró con asco antes de arrojarlo al fondo del armario. Se dio una ducha larga, tratando de lavar no solo el rastro de la gala, sino también el aroma de Ethan Harrison que parecía haberse impregnado en su piel.
Sin embargo, por mucho que tallara, el recuerdo de la mirada gris de Ethan y la firmeza de su mano sobre el informe de embarazo permanecían intactos.
Se acostó en la cama matrimonial, una cama que se sentía demasiado grande y fría. Julian no regresó en toda la noche.
Chloe no necesitaba ser adivina para saber dónde estaba;