Cap. 33: ¡Aún lo amas, por eso te duele!
Renata irrumpió en la suite del hotel como un torbellino, cerrando la puerta con tal fuerza que las paredes parecieron vibrar. Doménico, que estaba sentado en el sofá con un vaso de whisky en la mano, levantó la mirada al instante.
—¿Qué demonios pasó ahora? —preguntó, dejando el vaso en la mesa y poniéndose de pie.
Renata se giró hacia él, su rostro encendido por una mezcla de rabia y algo que no podía nombrar.
—¡Se casó! —espetó, casi escupiendo las palabras—. ¡Se casó con Beatrice!, pero no s