Cap. 32: La invitación.
Renata estaba a punto de subir al auto cuando una voz conocida la detuvo.
—¡Señora Laurent! Espere, por favor.
Se giró y vio a Vittoria Bellucci acercándose. A pesar de su edad, la mujer mantenía un porte impresionante: alta, delgada y siempre impecable, aunque su andar no era tan ágil. Renata observó cómo se aproximaba con pasos decididos, ajustándose mentalmente para lo que sabía que sería una conversación cargada de sutilezas.
—Señora Bellucci —dijo Renata, inclinando levemente la cabeza, si