Cap. 91: No sabía que tenías compañía.
El área de visitas en la prisión estaba llena de un silencio incómodo, roto solo por los murmullos de otras conversaciones. Beatrice estaba sentada frente a la mesa, con las manos entrelazadas y temblorosas. Su cabello, antes siempre impecable, estaba despeinado, y sus ojos mostraban el cansancio de varias noches sin dormir.
Cuando Carla apareció, escoltada por un guardia, Beatrice se levantó de inmediato, sus ojos estaban llenos de lágrimas contenidas.
—¡Mamá! —susurró, corriendo hacia ella.
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