Cap. 132: No hay que dejarlos escapar.
Ángelo la observó durante un segundo, reconociendo la seriedad en su rostro. Con un gesto, le indicó que lo siguiera al despacho. Los empleados se retiraron mientras Marisol lo seguía en silencio.
Una vez dentro del despacho, Ángelo cerró la puerta, apoyándose ligeramente contra ella antes de señalar una silla.
—Siéntate, —solicitó, con calma—. ¿Qué está pasando?
Pero Marisol no se sentó. En cambio, colocó una carpeta sobre el escritorio y la abrió con movimientos decididos, dejando al descubie