Cap. 131: Amarga lección.
En un pequeño y ruidoso restaurante al otro lado de la ciudad, Beatrice estaba en la cocina, con las manos sumergidas en agua jabonosa y sucia. Los platos se acumulaban frente a ella como una montaña interminable. El sonido de las órdenes gritando desde el salón y el choque constante de cubiertos y vajilla llenaban el aire, creando una atmósfera caótica.
Beatrice, con el cabello recogido en un moño desordenado y el rostro pálido de cansancio, intentaba mantener el ritmo. Sus manos, agrietadas p