La sonrisa de Leónid llamó la atención de Valeria, quien se levantó elegantemente de su lugar en la mesa para ir hasta donde se encontraba su esposo. Él sabía que venía a curiosear; lo adivinó en su expresión. Esta vez sintió algo diferente en el pecho, una atracción que nacía de lo más profundo de sus entrañas.
Se sentía tan diferente ahora que ella se encontraba cerca y, aunque intentó aún rechazar lo que sentía, no logró hacerlo, ya que Valeria, poco a poco, se había metido en su piel y no p