A medida que Rosella iba viendo las noticias en el televisor de su habitación. Sus ojos se agrandaban un poco más porque no podía creer que su jefe estuviera tan acaramelado con la intrusa que la lastimó. Se sentía degradada y burlada dándose un puesto que no le pertenecía y esperando de Leónid una preferencia que jamás llegaría. Cada fotografía que aparecía era mas cautivadora a su parecer, pero lo peor fueron los videos del brindis, en ese momento pudo captar la sonrisa que su jefe le dedicaba a la mujer que usurpó el lugar de la verdadera señora de la casa.
—No puedo creer esto, mi jefe se ha vuelto loco—salió al pasillo para verificar que no hubiese nadie para poder llamar por teléfono a Anya.
Pero se encontró con una pared de casi dos metros de alto, uno de los hombres que son los guardaespaldas de Leónid se veía muy joven y determinado a cumplir con su trabajo. Rosella miró al sujeto y este negó con la cabeza porque tenía orden de no dejarla salir de su habitación.
—Lo lamento