Corrí hacia el bosque con todas mis fuerzas, y detrás de mí, los pasos pesados de Ricardo golpeaban el camino de tierra. Podía oír su respiración entrecortada mientras se esforzaba por alcanzarme.
—¡Alejandra! ¡Detén esta locura ahora mismo! —Gritó, su voz resonando por el claro.— ¡Mañana es el día de la selección Gamma y te estás escapando ahora? ¿Te volviste loca?
Seguí corriendo, mis piernas se impulsaban con más fuerza a cada zancada. Luna me empujaba desde dentro, dándome energía.
La voz de