La música cesó y, al cabo de un momento, Vicente la soltó.
—Gracias —dijo ella.
Él inclinó la cabeza a modo de respuesta y ella trató de no ver un destello de ironía en ese gesto.
—Te acompañaré hasta tu mesa.
Vicente no volvió a tocarla y, mientras ella tomaba asiento y daba un sorbo a la bebida que Mateo le había traído, Vicente intercambió saludos.
—Buenas noches, Señor Bustamante. Creo que todavía no nos han presentado.
Mateo se puso de pie y le tendió la mano diciendo.
—No, hast