— Enfermo. —dijo Gabriel señalándose el mismo.
—Sí, ya lo sé, mi cielo, pobrecito — respondió Elba. — Sofía. No sé qué te parece, pero he envejecido diez años en las últimas dos semanas.
—Siento que tus hijos hayan estado enfermos —expresó Sofía, sintiéndose incómoda—. Permíteme prepararte una taza de té. Marta, mi inquilina y hada madrina, me ha comprado galletas de chocolate.
— ¡Me encantan! —Elba observó a Gabriel, que volvió a entretenerse con sus borregos y vacas de juguete—. ¿Puedo ayudar