—Tan simple como eso —replicó él con amargura, entrecerrando los ojos—. ¿Por esa razón entraste en mi compañía? ¿Para ganarte mi confianza, hacerte indispensable y.…?
—Tú no tenías nada que ver en este asunto. Era de Ernesto, de quien me quería vengar por... —se detuvo porque Vicente se puso de pie de un salto, su estatura era amenazante.
— ¡Así que yo no entraba en tus planes! ¡Una pieza más de tu jueguito! —se apoyó en la ventana viendo hacia el exterior, dándole la espalda.
—Nunca aspiré a