—¡Sofía! —le advirtió Vicente.
—¡Aguántate me dijiste cara de guasón! Me voy al baño a lavarme la cara—y se alejó buscando el baño que estaba a un lado de una piscina redonda. Cuando se estaba enjuagando la cara después de lavarse con jabón, se incorporó a verse en el espejo y se sobresaltó dando un gritó al ver parado a Vicente tras de ella.
—¡Aaaagghhh! ¡Vicente! ¡Me asustaste! ¡Diantres! ¡Pareces un espanto parado allí silencioso!
—¿Quién es Francisco? —preguntó irritado.
—¡Ah! ¿Estás celoso