—Hola, Sofía, he rechazado el taxi. Yo seré tu chofer —Sofía se recobró de su asombro y lo siguió.
—Eres muy amable en recogerme —afirmó deprimida. Su tarea no resultaría fácil, de ninguna manera—. Pero no era necesario.
—Lo sé —Vicente le abrió la puerta y luego corrió a sentarse al otro lado—. Puso el coche en marcha y Sofía observó el perfil que ya conocía de memoria.
—Estás muy callada —continuó, cuando habían salido de la ciudad.
—Más bien sorprendida.
— ¿De verme?
El interior de la camion