Cuando pasó delante de él y salió al pasillo, Mateo se tomó un momento para disfrutar y admirar su voluptuoso trasero. Después, la siguió para alcanzarla.
–¿Por qué no?
–No sería apropiado –respondió ella.
–¿Quién lo dice? ¿Por qué soy tu jefe? No veo qué tiene de malo que te invite a cenar como bienvenida amistosa a nuestra empresa. Yo saco a mis empleados a comer todo el tiempo, por alguna ocasión especial.
–No tienes reputación de ser solamente amistoso con las mujeres.
Sus palabras