La farsa.
—¡Kateryn, hola! —soltó Valeria con una sorpresa fingida, mientras en su cabeza ardía la sospecha de qué demonios hacía su prometido encerrado a solas con ella.
—Hola —logró articular Kateryn, forzando la voz.
—Vengo a secuestrar a tu jefe —añadió Valeria, observando discretamente la densa tensión que flotaba en la oficina.
—Adelante, es todo tuyo —soltó Kateryn, devolviéndole una sonrisa igualmente hipócrita al detectar la falsedad de la mujer.
Pasó por el lado de Valeria como una rá