Impecable.
Sebastián arqueó una ceja mientras se acercaba al escritorio. Sus ojos recorrieron a Kateryn con una mezcla de fastidio y fascinación. Había algo en su postura actual, una seguridad gélida, que lo irritaba y lo atraía a partes iguales.
—Media hora antes de lo acordado —comentó él, rozando las hojas del informe con la yema de los dedos—. Parece que tienes una urgencia desesperada por liberar espacio en tu agenda. Dime, ¿a qué hora es tu cita con ese hombre?
Kateryn le sostuvo la mirada, negá