Gasolina para sus celos.
Kateryn se alejó lo suficiente hasta que el murmullo de la cafetería fuera solo un eco sordo. Al responder, la voz entusiasta de un nuevo cliente un hotelero interesado en su concepto de "arquitectura orgánica" inundó el auricular. El hombre era un conversador incansable; hablaba de presupuestos, de cristal y acero.
Kateryn sentía que el aire volvía a ser puro. Cada minuto que la llamada se extendía era un minuto más a las posibilidades de lograr reunir el dinero.
—Entiendo perfectamente, s