Acorralada.
Kateryn abandonó su habitación antes de que el sol terminara de salir para evitar a Arthur. Pero él ya la esperaba al pie de la escalera, con una taza de café y esa mirada calculadora que ella tanto despreciaba.
—¿Te vas tan temprano? —preguntó Arthur, bloqueándole el paso—. Supongo que vas a ver cómo solucionar lo de la hipoteca. ¿Ya decidiste a cuál de tus "amigos" le pedirás el favor?
—No voy a vender mi dignidad, padre —respondió ella, apretando los puños—. Tú te metiste en esto. Consig