26. Bonificación perseguida.
Kateryn salió de la oficina con los nervios destrozados. No fue a su casa, ni a buscar a Sara; necesitaba el silencio de la carretera para procesar el vacío que dejaba la ausencia de su amiga. Sin embargo, tras unos kilómetros de conducción automática, notó un par de faros que mantenían una distancia constante tras ella. Un escalofrío le recorrió la nuca al reconocer la silueta del sedán negro en el espejo retrovisor.
—¿No te cansas, Sebastián? —susurró para sí misma, apretando el volante.