Mundo ficciónIniciar sesiónAtina
Jess entró como un rayo a casa. Era costumbre suya usar la llave que teníamos en una maceta, pero por lo general tocaba para no asustarnos.
“Lo siento, pero necesitaba hablar contigo” dijo a modo de disculpa, entrando a mi habitación.
“¿Qué sucede, Jess?¿Cuál es la urgencia?”
“Henrik me llamó. El chico está enloquecido. Le dije que lo iba ayudar







