POV: Catalina
El sonido de una cuchara golpeando el borde de una taza de café nunca había sonado tan fuerte.
Clink. Clink. Clink.
Era un metrónomo. Marcaba el tiempo que me quedaba de vida.
Estábamos en la cocina.
Khalid estaba apoyado en la encimera de granito negro. Me miraba.
No parpadeaba.
—He estado pensando, Catalina —dijo. Su voz era tranquila. Demasiado tranquila.
Dejé de untar mantequilla en mi tostada. Mis manos, bajo la mesa, se cerraron en puños tan fuertes que las uñas se me clavaron en la piel.
—¿En qué? —pregunté.
—En las probabilidades.
Khalid dejó la taza. Caminó alrededor de la isla de la cocina. Despacio. Como un depredador marcando el perímetro.
—El servidor de Zara fue atacado desde dentro. Alguien tuvo que conectar un dispositivo físico.
Dio un paso.
—Los documentos que tiene Vivienne... son originales. Alguien tuvo que sacarlos de mi caja fuerte. De mi despacho.
Dio otro paso.
—Y la información que tiene Volkov... sobre mis cuentas personales... solo la sé yo. Y