POV: Dante
El pasillo de la planta 12 del hotel Rove estaba sumido en un silencio artificial, amortiguado por la moqueta sintética y el zumbido constante del aire acondicionado central. Era un silencio que Dante Moreno conocía bien. Lo había escuchado en hoteles de Bagdad y en pensiones de Caracas.
Era el silencio antes del disparo.
Dante se ajustó la correa de su bolsa de equipo al hombro. Le pesaba. Llevaba horas caminando por el puerto, documentando la corrupción bajo el sol abrasador, y su cuerpo pedía a gritos una ducha y una cama. En su mano derecha, una bolsa de papel con una hamburguesa fría que probablemente le daría ardor de estómago.
Llegó a la puerta de la habitación 1204.
Se detuvo.
Algo estaba mal. No era un ruido. Era una ausencia.
Había dejado la tarjeta de "No Molestar" colgada en el pomo. Siempre lo hacía. Era una vieja costumbre de corresponsal: si la tarjeta estaba en el suelo al volver, significaba que alguien había entrado o salido con demasiada prisa.
La tarjeta